sábado, abril 25

En medio de la crisis de identidad de los 30, pero más madura que antes

 Ya casi hace un año desde la última vez que escribí.

Tengo este blog desde el 2011, es una locura. Literalmente la mitad de mi vida. Empecé a escribir el año que me esguincé, el mismo año en que cumplí 15 años. Éste año cumplo 30. Que gran locura todo. Cuantas cosas vividas, cuantas superadas, cuantas que no. En cuantos aspectos crecí y maduré y en cuantos otros que no. Es muy loco que me sigo sintiendo la misma Virginia de siempre, con sindrome de juventud eterna y también un poco del impostor. Creyendo que realmente no valgo lo que digo que valgo y que todos mis sueños de la infancia se han ido diluyendo.

Hay un concepto del que hablo en un posteo de cuando era adolescente. Me refiero a mi como dos Virginias, ese concepto nunca salió de mi cabeza, no es algo que ahora viva en el presente, pero si nunca se fue de mi cabeza la forma que tenía de pensar esa niña. La valentía y el coraje de tener un sueño, de querer ir por ello. De imaginarse siempre a si misma como en una película. Siempre me vi a mi misma como la protagonista, creo que ahora me he inundado de realidad. Esa Virginia que hablaba del lado emocional y el lado lógico siempre tuvo algo de razón. 

Me encuentro bastante pensando en la yo de chiquita. En muchas cosas tenía una sabiduría impresionante. El eje transversal de mi vida a lo largo de ella siempre fue el diseño. Siento que fue una relación con el diseño. Cómo fue mutando, como fue creciendo, como se convirtió en un monstruo y como viró de nuevo hacia mi. 

Toda la prosa de mi vida, todo lo que fui escribiendo estos 15 años que pasaron, puedo reconocer dos grandes ejes de mi vida. Lo relacional, y ahí abarco chongos, novios, amistades, fiesta, incluso hasta idiomas. y el otro eje es el diseño. En lo relacional fue ir en subida y en bajada y en subida hasta llegar a un nivel de estabilidad. Encontrar el amor de mi vida es algo que si bien si soñaba mucho, no me imaginé nunca que pudiera pasar, no tenía tanta fé en eso, osea en los hombres y en mi personalidad tan fuerte para cerrar historias. Simplemente pasó y fue con quien tenía que ser. Por eso hace 4 años que estamos en una relación hermosa y muy madura, con miles de proyectos, por empezar a construir nuestra propia casa. Si, del lado relacional un poco que se adormeció mi parte fiestera. La reina de la noche hace por lo menos 3 años que ya no tiene más ganas de que le quiten horas de sueño. También eso coincide, además de estar en pareja, mi incorporación full time al mundo laboral. Ya quedé sin dormir muchos años en mi época de estudiante universitaria.

Como decía, hay dos lados, el otro, es mi relación con el diseño. Algo que amo desde siempre, siempre uso como milestone el haber aprendido a coser a los 8 años, pero en realidad siempre fue anterior a eso. Creo que desde que me empezaron a gustar las barbies que yo vivo por el diseño. 

Es una sensación muy loca, desde siempre siento que lo que esté relacionado al diseño y a ese mundo, me genera unas cosquillas en la panza, como una ansiedad. Necesito que todos sepan que soy diseñadora. Soy muy celosa del diseño. Necesito ser parte de cada cosa en la que pueda aportar diseño. 

En relación a eso estoy como en una sensación de sentirme perdida. Como desconectada, me he estando alejando de mi verdadero ser. Si bien mis trabajos siempre estuvieron relacionados al diseño, siento que me alejo del crear. La burocracia, lo empresarial, mis propias exigencias de crecimiento en relación a lo empresarial.

Cuando salí de la universidad me sentía un cero. Sentía que no sabía diseñar, que no sabía venderme. Hoy crecí mucho, siento que estoy más preparada para emprender, pero si me siento menos creativa. Sé que la creatividad se practica, se ejercita. Por eso estoy tratando de volver de a poco a eso.

Siento que tengo que canalizar con mi virginia de la infancia. Esas ganas de diseñar. Ese foco en cumplir sus sueños. 

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